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En las compañías conviven las personas que aportan a los resultados esperados con las que retrasan el crecimiento de la empresa y ponen en riesgo las relaciones interpersonales. Evaluarlo es crítico para conformar el equipo ideal.

Por: Jairo Pinilla, director de Performia Colombia

En el ámbito organizacional existen diversos métodos y formas de clasificar al personal. Una de las más novedosas es la que permite hacerlo según el nivel de productividad de cada individuo. Si el lector de este artículo tomara esta información y la comparara con su propia observación del equipo que dirige o al que pertenece, podría llegar a conclusiones interesantes y, a partir de ellas, tomar decisiones cruciales con respecto a los empleados que más aportan a los resultados de su compañía y a los que, por el contrario, retrasan su evolución.

La clasificación que aquí se propone no tiene relación alguna con el nivel académico de las personas. Un hacedor, por ejemplo, puede tener grados en doctorado, maestría o pregrado y un productor puede ser el mensajero de la empresa. Lo que es importante resaltar es que el estudio formal no está diseñado para ayudar a los empleados a ser productores. Por esto, son los empresarios quienes están llamados a invertir en conocimiento para “cambiar el chip” de su gente y lograr que aumente el número de empleados en ese categoría.

Y tú, ¿qué clase de empleados tienes?

Productores:

Son, aproximadamente, el 20% de la población. Se trata de personas de alta iniciativa y responsabilidad que no necesitan supervisión y se encargan de su área de influencia como si esta fuera su propia empresa. Son llamados “empresarios de su cargo” porque reconocen un problema en su trabajo, idean la solución y la aplican sin presión, ayuda u órdenes externas. Piensan en resultados y saben definir los suyos y medirlos con facilidad.

Son quienes tiran la carreta hacia delante, incansablemente.

Hacedores eficientes:

La mayoría de la población está dispuesta a trabajar y ayudar, pero necesitan órdenes y supervisión para lograrlo, necesitan un jefe. El hacedor eficiente tiene una actitud positiva y es proactivo. Frecuentemente, se le oye preguntar: “Jefe, ya terminé. ¿En qué más le puedo ayudar?”. Cuando le preguntas por sus resultados, va a hablar de todas las funciones que tiene y de las actividades que debe desarrollar. Piensa en acciones en vez de resultados, va junto al productor y contribuye al movimiento de la carreta en la dirección deseada.

Hacedor ineficiente:

Tiene voluntad de ayuda, pero es menos iniciativo y desperdicia tiempo y oportunidades. Por esto necesita de mucha supervisión. Es la persona que deja para mañana lo que puede hacer hoy y, si no está el jefe presente, suelta el lapicero. Los dos tipos de hacedores pueden conformar un 60% de los empleados de una empresa promedio. El hacedor ineficiente va encima de la carreta, distraído, y se deja llevar por el esfuerzo de los demás. De vez en cuando contribuye de manera positiva, pero no en gran cantidad, al movimiento de la carreta.

Fuente potencial de problemas (PTS):

Son las personas que tienen cambios emocionales repentinos, pero periódicos: a veces están felices y a veces, deprimidos o de bajo ánimo. Se denominan PTS por su abreviatura en inglés (Potential Trouble Source), que significa fuente potencial de problemas. Estos personajes suelen tener enfermedades crónicas y se enferman a menudo (solicitar un gran número de incapacidades es uno de los indicadores), cometen errores, son propensos a tener accidentes y, a menudo, se equivocan. Su cualidad más relevante es que “son de malas”: les suceden hasta las cosas más inverosímiles. Si hay una persona PTS manejando maquinaria costosa o en un entorno que facilita los accidentes, el patrimonio de la empresa puede estar en peligro. Las personas PTS representan, aproximadamente, un 17.5% de la población. El número que se concentre en una empresa depende de la habilidad del líder para detectarlos antes de contratarlos o de su conocimiento para ayudar a quienes estén en esa situación en caso de que sí sean productivos en sus buenos momentos. Estas personas pueden mejorar si siguen juiciosamente una ruta para salir de su estado convencional. Las personas PTS, que suelen consumir atención de la dirección de la empresa y de sus colegas, van montadas en la rueda de la carreta, de modo que contribuyen cuando baja, pero son una carga para los demás en las subidas.

El destructivo (SP):

Un pequeño porcentaje, sólo el 2.5%, corresponde a la persona supresiva o SP (sigla que proviene del inglés Suppressive Person). Estos empleados pueden parecer racionales y dar una buena impresión, pero en realidad, y de manera encubierta, son altamente destructivos e irracionales. Sus acciones van en contra de la supervivencia del grupo. Las personas SP tienen características específicas que los empresarios deberían conocer al detalle porque así podrían identificar y neutralizar su actividad destructiva. La más negativa de estas características es que estas personas no responden a ningún tipo de tratamiento de superación personal o sicológico. Por esta razón se sugiere aprender a reconocerlas antes de que sea demasiado tarde. Por lo general, quienes viven o trabajan alrededor de estas personas no la pasan bien porque ellas se enferman, se deprimen y cometen errores. En la analogía entre la carreta y la empresa, los SP son las personas que tiran la carreta en dirección contraria y de manera oculta, aunque a simple vista demuestren estar de acuerdo con las ideas y directrices de la gerencia. Su arma es sembrar cizaña entre los demás, crear oposición o hacer daño de manera activa.

Si usted es un empresario que cree que tiene un buen producto y una buena estrategia, pero siente que su negocio no avanza y pareciera que lleva el freno de mano puesto, observe mejor. A menudo la confusión se halla en que se busca una razón externa para los problemas de la empresa, cuando es probable que una persona al interior de la misma sea la causa real de esos inconvenientes.