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Las universidades tienen la responsabilidad de preparar a las nuevas generaciones de profesionales, que no solo adquirirán herramientas técnicas para desempeñarse en su campo, sino que tendrán la oportunidad de aprender áreas del conocimiento que enriquecerán su visión y forma de actuar. Mucho de lo que aprendemos en la academia se convierte en nuestra forma de entender el mundo y férreamente defendemos esos conceptos. Aspectos de la personalidad profesional se forjan allí. Ese es el momento de construir hábitos profesionales valiosos para la sociedad.

Para preparar a esas nuevas generaciones, las universidades cuentan con profesores expertos en sus áreas, con infraestructura y con un entorno académico donde se retan habilidades a través de nuevos temas, nuevas ideas y nuevas herramientas. En esa época, la diversidad de retos es enorme y la creatividad está estimulada como nunca. Las semillas para grandes ideas se siembran en los años universitarios.

Las universidades también están generando nuevo conocimiento y esa actividad es un indicador de la calidad de la institución. Lo anterior tiene sentido, pues los profesores están activos en investigación, hecho que impacta positivamente a los estudiantes y que se refleja en los cursos básicos debido a que el que más conoce un tema es el que mejor lo expone. Los mejores pensadores de cada área están en la academia y ahí se está rompiendo la frontera del conocimiento.

Además de los pensadores, en las universidades están los recursos académicos y los jóvenes en un proceso constante de formación y aprendizaje. Estos aspectos hacen de estos espacios el lugar idóneo para buscar la solución a problemas complejos en los que se debe incluir el entorno. Aunque esto parece natural, es común ver a las universidades solo como el lugar donde se forman nuestros hijos y no como el lugar donde se resuelven problemas de nuestro quehacer diario.

Este papel de la universidad no es nuevo. De hecho, así fue como nacieron instituciones en los Estados Unidos hace 150 años y se formaron academias con fortalezas en agricultura o temas forestales, dependiendo de dónde se encontraran. Estas universidades ahora tienen programas de extensión que llegan a la sociedad con soluciones e información vital para su competitividad.

Esta conexión con los problemas del entorno no solo es responsabilidad de las universidades. Cuando esto pasa, el impacto es más duradero, pues se forma a los profesionales con esa visión. Pero también, en el mundo que nos rodea, vale la pena vivir buscando problemas y reflexionando si algo se puede hacer para buscar soluciones estratégicas. En muchos casos, seguramente, la respuesta es positiva. Extendamos nuestro campo de acción en la búsqueda de soluciones o mejoras para fortalecer nuestra comunidad y mejorar nuestra calidad de vida.