Facebook
Twitter
Youtube
Youtube
VerdadAbierta.com

A lo largo de mi vida he experimentado muchísimas veces el dolor en sus múltiples formas y presenciado el dolor desgarrador de otros en innumerables y diversas situaciones. Sentí el profundo dolor de ver morir a la mujer que más amaba y el dolor de ver, cuando estábamos secuestrados, cómo frente a mí asesinaban a mi mejor amigo. Sentí el dolor que me causaba la infidelidad, el desprecio y el engaño de la mujer que amaba y el dolor que me causó ver a mi hija Alejandra caer desde un tobogán y sentir que iba a morir.

También sentí el dolor de la crítica, el enjuiciamiento y la murmuración despiadada de la gente, sabiendo que lo que decían no era cierto; el dolor de ver a mi nieta Agustina, indefensa, luchando en cuidados intensivos por su vida y el dolor que esto le generaba a mi hijo Esteban. Sentí el dolor que me producía el frío cuando estaba ascendiendo al monasterio en los Himalayas y el ayuno y el silencio de 40 días en el Tíbet.

Sentí el dolor de ver a los niños sobreviviendo en una alcantarilla pestilente, el dolor de ver a muchos niños a quienes les rociaban gasolina para quemarlos vivos o les disparaban a quemarropa, el dolor de estar atrapado en una corriente poderosa de agua negra en una alcantarilla, sujetando con todas las fuerzas a dos pequeños, y tener que elegir soltar a uno para no morir los tres. Y sentí el dolor de ver morir a una niña inocente de la calle aplastada por un camión cuando iba a recoger la caja vacía de una muñeca que estaba tirada en la calle en la Navidad de 1973.

Si yo hubiera dejado que mi mente guardara durante mucho tiempo estos dolores en mi corazón y muchos otros que he sentido a través de mi vida, ellos se hubieran convertido en un gran sufrimiento y me hubieran generado, probablemente, una profunda depresión. Por eso insisto tanto en la importancia de experimentar la vida desde el estado de conciencia del ser, que genera la fuerza para actuar desde el amor y no desde el temor, el estado de la inconsciencia donde el sufrimiento es amo y señor.

Contrario a esto, las personas le tienen miedo al dolor y lo ven como su gran enemigo, tratan de ignorarlo o se resisten a él sin darse cuenta de que ahí es donde se vuelve más poderoso y se transforma en sufrimiento. Existe una gran diferencia entre el dolor y el sufrimiento. El dolor es causado por múltiples circunstancias (biológicas, físicas, sociales, culturales, religiosas, etc.) y sin importar de qué tipo sean, simplemente está ahí. El sufrimiento es un hecho estrictamente mental, es la interpretación que hace tu mente del dolor que se está padeciendo. Es el efecto, nunca la causa.

Si trotas rápidamente, sientes que tu corazón late muy fuerte. Si repentinamente sientes dolor en el pecho, tu cuerpo te está enviando una señal de alerta para que pares o disminuyas la intensidad del ejercicio. Es un aviso preventivo natural de tu cuerpo. Si haces caso omiso de este dolor, probablemente, tendrás un problema mayor que puede ser desde un simple mareo o desmayo hasta un infarto. Estos avisos pueden ser interpretados de acuerdo con la percepción que tengas en ese momento. Es decir, puedes sentir que te vas a morir y angustiarte profundamente, intensificando así el dolor, o puedes elegir respirar, tranquilizarte y pensar que todo va a volver a la normalidad. En ti está el poder de la elección.

No tengas miedo a experimentar el dolor, ve más allá de él, a su raíz, y te podrás dar cuenta de que ese dolor, cuando estás inconsciente, es como un despertador que se activa para que enfrentes con conciencia tu realidad, venzas el miedo y cambies la forma como estás actuando.