Facebook
Twitter
Youtube
Youtube
VerdadAbierta.com

Montenegro Final

Hace unos días visité una finca sobre el río Meta, lejos de todo, hasta de la señal de celular, solamente teníamos la luz del día, los sonidos de la naturaleza y la compañía de los pocos que estábamos ahí. Ya el sol estaba ocultándose y solo podíamos hablar mientras esperábamos la cena para luego ir a dormir. Nada de televisión, Whatsaap o radio, solo éramos nosotros.

Me acompañó Roberto, un amigo con gran experiencia que participó en eventos importantes para el país. Su vida ha estado llena de éxitos, fracasos, aventuras  y más éxitos. Su sabiduría no solo se lee en su fascinante historia, sino que está presente en el modo como actúa con la gente a su alrededor. Durante estas dos noches, cuando estábamos sentados en las bancas de la mesa esperando la cena, me enseñó muchas cosas.

Es fácil estar ocupados con nuestros asuntos y relacionar todo a nuestro alrededor con lo que queremos, tememos o esperamos. Yo había visitado este lugar muchas veces y había hablado con quienes estaban ahí. Pero lo que se dijo estas noches con el tacto de Roberto nunca lo habría podido escuchar.  Él estaba sinceramente interesado en quienes estaban ahí, de dónde venían, qué habían logrado, soñado o esperado. Estaba interesado en saber de qué estaban orgullosos, logró resaltar lo valioso de las personas y llamar la atención de manera simple y profunda sobre errores que él percibía en su actuar.

Después de escuchar sobre el origen de cada persona y algo sobre sus familias, me di cuenta de lo importante que puede ser este diálogo, no solo por la información que se obtiene, sino por la relación que estas conversaciones generan. La persona no es solamente el cargo que desempeña (el vaquero, el tractorista, el encargado), sino que tiene una historia y siempre está presente lo que piensa, lo que siente, lo que aspira y lo que sueña.  Es fácil aislarse de esto y solo ver el cargo de la gente.

Durante esas dos noches escuché historias increíbles que estas personas vivieron en este llano lejano. Las aventuras en un mundo sin ley, con olas de actividades donde los individuos no pueden sino sobrevivir a lo que les llega de la mejor manera, y a unos costos enormes, pero como uno de ellos decía, no queda otro camino que seguir viviendo lo más feliz que se pueda y dejar el pasado atrás.

Me llamó la atención lo que cada uno de ellos aprendió. Las labores que describieron fueron aprendidas con mentores y maestros, algunos sabios, otros rudos e injustos, pero todos con talentos y experticias que les daban valor a su capacidad de producir. 

Ellos están viviendo un cambio, ahora trabajan en actividades tradicionales y su prioridad es la tranquilidad, la paz y sus familias. El país está cansado de la incertidumbre, de la falta de orden y de ley, de la proliferación de la ley del más fuerte. Lo que necesita ahora es orden y seguridad en las regiones. Pero esto solamente se logrará si a estas personas les podemos brindar condiciones para que sus hijos quieran ser como sus padres, y no simplemente aspiren a abandonar el campo al crecer.  Este es el reto que tiene el país para lograr un cambio real y alcanzar la paz.

Carlos Montenegro es científico matemático PhD, director del Centro de Estudios para la Orinoquía (CEO) de la Universidad de los Andes (*) / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

(*) Las opiniones expresadas en el presente artículo son del autor y no reflejan necesariamente la posición oficial de la Universidad de los Andes.